Ni en el piso de 2009 ni con el rebote de 2010

30 jul, 2012 | 5:31 Hs. | Por | Categoría: Destacado Economía

Los principales indicadores macroeconómicos mostraron retracciones en el primer semestre. Pero la suba de las commodities, las mejoras de Brasil y Asia y varios factores internos permiten esperar una mejoría en la segunda mitad del año.

Si siempre ha sido polémica, la actualidad de Argentina divide aún más las aguas entre los economistas y analistas privados. Están quienes auguran sólo tiempos de mayor enfriamiento hasta el punto de entrar en una inexorable recesión, mientras que en otra vereda se ubican los que anticipan una leve mejoría en los próximos meses. Estos últimos evalúan que el país no llegó aún –y tampoco lo haría en el resto del año- al piso de caída que mostró en 2009 en varios de sus indicadores macroeconómicos principales, aunque tampoco tendrá la vitalidad de 2010. Las mejores perspectivas a futuro están fundadas en la previsión de una leve recuperación mundial, del sostenimiento de los precios de las commodities en el plano externo y de la recuperación del sector de la construcción y del nivel de consumo, en el plano interno.

Frente a los pronósticos agoreros de muchos economistas que se extendieron durante abril y mayo –meses cuando recrudeció con fuerza la situación económica en el país-, varios analistas privados salieron a “desmarcarse” de esas opiniones.

Es que también en el mundo de las consultoras privadas y los centros de estudio, donde la credibilidad y la confianza son factores clave, existe un temor al análisis oscurantista, pese a que ello las acerque muchas veces a posiciones oficiales, algo que no suele ser bien visto entre los consultores y los empresarios.

En suma, si bien no opinan positivamente de la gestión kirchnerista, muchos analistas tampoco quieren ser parte de una supuesta “cadena nacional del miedo y el desánimo” a la que aludió la Presidenta la semana pasada.

Desaceleración, no crisis

En este marco, todos los analistas privados reconocen –incluso hasta los propios datos oficiales van en el mismo sentido- que el ritmo de actividad no fue bueno en el primer semestre. De hecho, fue de mejor a peor, lo que parecería estar respaldando la visión de los analistas más pesimistas.

En enero, la actividad económica creció a 6,1% y en abril ya lo hacía a 0,6%, para caer en mayo 0,5%. De todas maneras, estos registros parecen estar lejos aún de las retracciones ocurridas en 2009, cuando el nivel de actividad se mantuvo estancado, con leves caídas o alzas, durante casi siete meses.

Entre abril y junio, el Gobierno concentró varias decisiones de mucha importancia y costo político, que incidieron sobre los niveles de actividad y de inversión, como la estatización parcial de YPF, la profundización de los controles a las importaciones y la restricción total a la compra de dólares para atesoramiento. Todo ello, además, en el marco de una comunicación oficial de tales medidas que dejó mucho que desear.

Todo esto influyó sobre las expectativas económicas, no sólo por el peso específico de las medidas sino también por las especulaciones generadas durante esos meses. Incertidumbre y retracción fueron el denominador común en empresas y familias por igual.

Entre enero y mayo, el consumo de alimentos, bebidas, cosmética y limpieza creció 1,6%, bastante por debajo del 2,4% acumulado en 2011. Las ventas de los supermercados frenaron su ritmo de alza, que en junio fue el más bajo desde la crisis de 2008/09 (11,8% interanual). De todas maneras, su ritmo de crecimiento aún está bastante por encima del piso alcanzado tras las caída de Lehman Brothers, cuando se ubicó durante varios meses entre 6% y 7%.

En los gastos más suntuarios el freno resultó más abrupto. Las ventas en shoppings crecieron 0,5% entre enero y mayo, contra casi 7% en 2011. En el caso de los autos nuevos, subieron 3,5% en el primer semestre de 2012, frente al 27% del año anterior, bastante mejor que en la crisis de 2009, cuando mostraron una caída de 16%.

Obviamente, la demanda de inmuebles se desplomó al ritmo de las trabas a la compra de divisas y la incertidumbre.

Por el lado de la oferta, la actividad de la construcción registró caídas en el primer semestre luego de acumular tasas de crecimiento del orden de 10% el año pasado, aunque aún se muestra más firme que en 2009, cuando tuvo ocho meses de caída.

La industria, por su parte, fue uno de los sectores que más sufrió en la primera mitad de 2012, por el enfriamiento de la demanda brasileña, las dificultades para conseguir insumos y bienes de capital y el shock de expectativas negativas del segundo trimestre. En los primeros cinco meses del año cayó 1,1% en términos desestacionalizados –último dato oficial disponible- y 0,1% de acuerdo con el relevamiento privado de Orlando Ferreres.

Esta desaceleración generalizada de la economía argentina, que atendió a causas internas, también estuvo vinculada con factores externos, en el marco de un contexto internacional que mostró luces y sombras entre enero y junio.

Por un lado, se produjo un alza sostenida de los precios de la soja pero al mismo tiempo el ritmo de crecimiento global siguió frenándose porque la crisis europea se mantuvo en franco desarrollo, afectando los niveles de actividad de principales socios comerciales de Argentina. Por caso, la producción industrial de Brasil acumuló una baja interanual de 3,4% en los primeros cinco meses del año.

Perspectivas optimistas

Luego de este período difícil que fue el primer semestre del año, varios analistas privados advierten perspectivas más favorables para la segunda mitad de 2012. “A pesar del enfriamiento que experimenta la economía local, seguimos a la expectativa de una recuperación del nivel de actividad, principalmente de la mano del mundo y de la construcción”, auguró la consultora Delphos, conducida por el ex gerente de JP Morgan Martín Benegas Lynch.

Este centro de estudios evalúa que, dado que el freno de la actividad económica en Argentina fue más una expresión de la retracción en la economía mundial que consecuencia de una inestabilidad local, es esperable una mejoría en los próximos meses. “Argentina está subida al tren de la economía global; entendiendo que ésta va llegando a un piso y que quienes actualmente marcan el ritmo del crecimiento (Asia y los emergentes) encuentran mejores condiciones económicas para empezar a acelerar, es de esperar que nos lleven con ellos”, evalúa Delphos.

Asimismo, dado que la construcción mostró una recuperación a partir de junio y es esperable que se mantenga “en un nivel históricamente elevado”, contribuirá a sostener el nivel de actividad por ser uno de los sectores más dinamizadores de la economía.

Aunque con matices, la consultora Analytica -que conduce el economista Ricardo Delgado- también augura un segundo semestre “más favorable” para la economía nacional. “En primer lugar, porque difícilmente se pueda sumar una conjunción de factores tan estresantes para las expectativas como los que se dieron entre abril y junio pasado”, indicó Delgado, quien subrayó también que el Gobierno logró acotar al mínimo la fuga de capitales “y ahora busca moderar los daños colaterales del ‘cepo’ mediante políticas específicas”, como el plan de créditos hipotecarios fondeados por la Administración Nacional de Seguridad Social (Anses) y la obligación para los bancos de volcar 5% de sus depósitos privados a créditos productivos de largo plazo, a tasas subsidiadas. “Es probable que en los próximos meses se sumen otras destinadas a apuntalar el nivel de actividad”, auguró también.

Otras dos razones permiten esperar una recuperación en el segundo semestre. Por un lado, que “sin alternativas de ahorro, una parte importante de los pesos ‘acorralados’ se volcará al consumo y la inversión”, pues la inflación y las tasas reales negativas siguen siendo un importante estímulo al gasto. A ello aportará también el derrame de los recientes aumentos salariales.

Por otro lado, Analytica estima que las políticas de estímulo que viene aplicando Brasil comenzarán a reactivar la demanda interna del principal socio del Mercosur. “Con este impulso, Brasil debería exhibir un mayor crecimiento llegando al último trimestre, traccionando así a la industria argentina”, indicaron.

Por último, estiman que hasta la estadística contribuirá a un repunte del nivel de actividad, pues el segundo semestre del año pasado constituye una base de comparación mucho más baja que el primer semestre.

Gobiernos de alta popularidad y con mayorías legislativas
Baja probabilidad de incidencia del freno económico en la política regional

La desaceleración económica que atraviesa Argentina –pero también el resto de los países de América del Sur- abre interrogantes también sobre el futuro político de la región y la gobernabilidad de los presidentes. Más aún luego de los sucesos de Paraguay, donde se advirtió que el debilitamiento político de un mandatario y la caída en su popularidad –y el freno económico puede ser una de las razones para ello-, puede derivar en la salida del poder, ya no por la vía de los tradicionales golpes de Estado militares.

Según el análisis del polítologo Julio Burdman (foto), de la Universidad de Belgrano, la coyuntura actual de los gobiernos de la región muestra poco margen para rupturas como la de Paraguay. “Los gobiernos sudamericanos hoy gozan de una alta popularidad y cuentan con fuertes respaldos parlamentarios. Dilma Rousseff tiene una imagen positiva de 77%, Juan Manuel Santos, de 67%, Hugo Chávez de 58%, Cristina Kirchner de 49%… Y todos ellos, a diferencia de lo que sucedía con gobiernos anteriores, están sostenidos en una clara mayoría legislativa y de gobiernos territoriales”, explicó.

De todas maneras, advirtió también que “otros gobiernos, como los de Rafael Correa en Ecuador y Ollanta Humala en Perú, tienen en cambio alta popularidad pero no cuentan con un control asegurado del Congreso”, por lo que allí podrían darse cambios importantes, “pero no siempre ni tan rápidamente”, subrayó.

“El hecho de que los oficialismos sudamericanos enfrenten la desaceleración con altas reservas de capital político no necesariamente mejora la calidad de la gestión pero proporciona más instrumentos y perspectivas de continuidad de los gobiernos nacionales”, concluyó Burdman.



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