¿Jurados simulados y dinosaurios vivos?

19 jun, 2012 | 5:30 Hs. | Por | Categoría: Justicia

Por José I. Cafferata Nores / Columna especial de Inecip

Desde la recuperación de la democracia hasta hoy, el Inecip ha producido y produce innumerable material escrito plasmado en libros, revistas y publicaciones de todo tipo y formato donde existe un espacio para debatir, provocar y proponer ideas alrededor de aquellos temas que han tenido y tienen relación con los objetivos que el instituto siempre se propuso y de los que nunca desistió:  el fortalecimiento del Estado de Derecho y el compromiso irrestricto con las garantías de los individuos. En ese sentido, y esta vez en el espacio que compartimos con Comercio y Justicia, seleccionamos artículos escritos a lo largo de estos años, los cuales -por no haber perdido vigencia- juzgamos importante volver a publicar.

Es una realidad indiscutible en estos días que el juicio por jurados “esta de moda” (1). Un par de provincias lo ha incorporado a sus códigos procesales penales pero todavía no está vigente en ellas. Muchas otras cuentan con entusiastas proyectos en tal sentido. Y hasta la Nación promete el dictado de una ley de aplicación obligatoria en todo el país.

No es mi propósito en estas breves líneas ocuparme de cada legislación dictada o propuesta formulada. Sólo quiero hacer presente, en cambio, mi modesta crítica al método al que invariablemente se ha echado mano para conocer o difundir su funcionamiento: la “simulación” (2).

Ella consiste –con las lógicas variantes federales- en escenificar un jurado, compuesto por personas que verdaderamente no son tales, con la actuación de partes y órganos de prueba que tampoco lo son, siguiendo el libreto de un caso penal real o imaginario, para luego intercambiar opiniones sobre sus ventajas o defectos, poniendo así el nuevo sistema de juicio a consideración de la comunidad jurídica y del público en general del lugar.

Expreso, si se quiere, un “dolor cordobés”. Porque, a pesar de que en esta provincia existe desde 1991 un modelo de jurado escabinado restringido -en el que los jueces oficiales de carrera son mayoría sobre los ciudadanos comunes- y desde el año 2005 un nuevo modelo de jurado escabinado ampliado (3) -en el que los ciudadanos son mayoría sobre los jueces oficiales de carrera-, a ninguno de los entusiastas propulsores de la participación ciudadana en los tribunales penales se les ha ocurrido (al menos que yo sepa) visitar nuestros geográficamente cercanos tribunales para presenciar cómo funciona en la realidad un jurado “de verdad”, el único jurado en Argentina, que está tan “vivo” que lleva más de 200 juicios realizados (4). Y a partir de allí, con esa vivencia, quizás nutrir algunas de sus opiniones.

El sentido común parecería indicar que si un paleontólogo quiere especializarse en dinosaurios concurriría presuroso frente a la noticia sobre la existencia de un “dinosaurio vivo” y se quedaría cerca de él para estudiarlo, dejando para mucho después el examen de la mejor simulación informática sobre restos fósiles de dicho animal.
Pero los juradistas argentinos no son paleontólogos.

1. Nos tocó proponer y defender el modelo de jurado escabinado en la Convención que dictó la Constitución Provincial de Córdoba de 1987, que lo receptó en su art. 162.

2. Simular significa, según el diccionario, “representar una cosa, fingiendo o imitando lo que no es”. Habría sido más preciso llamarlo “simulacro”.

3. Me parece oportuno aclarar que nada tuve que ver con el proceso que llevó a la sanción de la ley N° 9182 que lo instituyó entre nosotros, por lo que debe descartarse cualquier intención de autoelogio en estas líneas.

4. Quizás sea correcta la crítica sobre que los cordobeses no hemos difundido debidamente nuestro jurado. Pero esto no descalifica nuestra crítica.


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2 comentarios

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    Lamento la queja del profesor Caferatta Nores contra los “simulacros” de juicio por jurados que se realizan en distintos puntos del país con el propósito de promover el debate e implementación de la forma de juzgamiento prevista por la Constitución nacional.

    Como el Dr. Caferatta Nores se imaginará, resulta materialmente imposible trasladar a los interesados en esta temática hasta la provincia de Córdoba para que vean un juicio por jurados de verdad. Del mismo modo, trasladar a los jurados cordobeses a distintos puntos del país.

    Sin embargo, los simulacros que critica Caferatta han contribuido en forma decisiva a instalar el tema en la agenda de distintas provincias y, me animo a decir,a que en Neuquén se convierta en ley.

    Nadie desconoce los méritos de los cordobeses en esta materia. Por el contrario, permanentemente los destacamos y reconocemos.

    De tal manera que la queja del Dr. Caferatta Nores me resulta incomprensible y, si se quiere, contraria a los intereses que dice defender.

    Mario Alberto Juliano. Presidente Asociación Pensamiento Penal (D.N.I. 11.416.894)

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    Mi querido maestro Cafferata Nores, cada una de las muchas veces que nuestro INECIP ha promovido esta actividad la ha llamado “simulacro” y no “simulación”. Me alegra mucho que coincidamos en la denominación.
    Pero fuera de eso, no voy a poder acordar con usted. Como dice el amigo Juliano, es más fácil llevar la montaña a Mahoma ; aparte, si hubiésemos llevado miles de argentinos a Córdoba, muchos habrían aprovechado a escaparse y disfrutar esa maravillosa tierra, en vez de aburrirse una semana en larguísimos, leidísimos y “expedientadísimos” juicios escritos oralizados (usted sabrá disculparme, pero mientras escribamos expedientes no habrá verdadera oralidad)
    Yo mismo, entusiasta juradista y apasionado oralista, nunca he podido ver un juicio por jurados en Córdoba. Un solo día que pude acomodar los tiempos y me dispuse a disfrutar la oralidad cordobesa, me encontré que el juicio se había transformado en un “juicio breve” en el que un secretario, un fiscal y un defensor rezaban aburridas letanías leídas de un papel, y lo más “emocionante” fue ver a un juez interrogando al preso a la usanza tradicional, sobre cuán arrepentido estaba y cosas similares (conocimiento de visu, que le dicen).
    Discúlpeme que no fomente su turismo dinosáurico: yo no quiero que los argentinos crean que un fiscal que dicta prisiones preventivas es acusatorio, ni que la oralidad cordobesa es oralidad. Y mucho menos, que un escabinado es un jurado.
    No me convence invitar a mis compatriotas a Córdoba para ver juicios. Sería como decirles que en vez de venir al potrero de la esquina a ver un simulacro de fútbol, los hiciera viajar para mostrarles un auténtico partido de metegol.
    Con todo respeto y todo cariño, pero con ganas de aprender discutiendo.