Se triplican los microcréditos y nacen 60 mil emprendimientos
18 oct, 2010 | 5:30 Hs. | Por Redaccion | Categoría: Principal
Las instituciones especializadas incrementaron el número de clientes en 180 por ciento, el de empleados en 200 por ciento y su cartera total de préstamos en casi 400 por ciento. Piden normativa específica. Por Natalia Riva / nriva@comercioyjusticia.info
Las Instituciones de Microfinanzas (IMF) en la Argentina, de a poco, van consolidándose. De acuerdo con los indicadores que publica la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito (Radim), en los últimos tres años años las entidades integrantes de la Red incrementaron el número de clientes en 181%, la cantidad de empleados totales en 197%, el número de agencias en 115% y la cartera total en 372%.
Esto significa, al menos, que existen unos 60 mil clientes en todo el país que reciben microcréditos por un total de 120 millones de pesos, según un sondeo realizado por Radim y Fundación Andares, a fines de 2009. Sin embargo, el principal reclamo de las instituciones de microfinanzas tiene que ver con la necesidad de contar una “regulación, normativas apropiadas y la no aplicación de impuestos por parte del Gobierno a este sector”.
Lo anterior fueron las principales conclusiones de las IV Jornadas Anuales de Microfinanzas, a las que asistieron instituciones de microcrédito de todo el país, bancos, organismos de gobierno como el BCRA y el Foncap (dependiente del Mecon, el cual de forma activa apoya el sector).
“Es importante sumar esfuerzos para que las microfinanzas puedan crecer y desarrollarse”, aseguró el presidente de Radim, Julián Costábile. Al mismo tiempo, indicó que el sector de las microfinanzas impulsa un tratamiento diferencial, “ya que se ven afectados por el impuesto al cheque, al valor agregado y a las Ganancias”.
Por su parte, Roberto Crouzel, abogado y asesor legal de la Red, explicó que si bien existen algunas normas, éstas no están pensadas teniendo en cuenta la problemática global: “Por ejemplo, existe una ley de promoción del Microcrédito (iniciativa de Alicia Kirchner) que es muy limitada porque crea un fondo y sólo establece exenciones impositivas para el dinero que surge de ese fondo. Y, además, ese dinero no se puede aplicar a los salarios, que es el principal gasto que tienen las instituciones de microfinanzas”.
Más aún, el especialista comparó la industria minera -que no paga impuesto al cheque- con los microemprendedores que tienen que hacerse cargo de todos los tributos. “Lo que nos está haciendo falta es una visión global de la sociedad que nos ayude a resolver el problema de la pobreza y que se le exija a los dirigentes el establecimiento de normas específicas para esta actividad”, dijo Crouzel.
La realidad del país
Los microcréditos que se otorgan en Argentina son créditos pequeños con el objetivo de que las personas puedan salir de la pobreza mediante algún microemprendimiento productivo. Luciana Gineste, economista y directora ejecutiva de la Fundación Cláritas -una entidad que brinda cursos on line sobre microfinanzas-, indicó a este diario que se trata de montos que rondan los mil pesos.
“Todo depende de la organización que otorgue el dinero. Particularmente, las que lo hacen a través del Sistema Grameen Bank, creado por Muhammad Yunus, son créditos que no superan los 600 pesos en el primero. Pero básicamente, casi todas las instituciones -imitando este modelo- permiten la devolución del crédito en un año y con cuotas semanales para que a la persona le sea fácil la devolución”, puntualizó Gineste.
Más aún, la directora de la Fundación aseguró que “lo que le falta al microcrédito en la Argentina es unificación, poder armar algo más masivo y más general. Además, como el microcrédito es un poco informal en sus prácticas, todavía falta una sistematización que nos pueda brindar datos estadísticos y una política fuerte de apoyo al segmento”, puntualizó.
Lo social sobre lo económico
En palabras de Crouzel, el impacto que tienen las microfinanzas es mucho mayor en el ámbito social que en lo económico, es decir, aseguran muchos beneficios que están por encima de la generación de riqueza. “Se trata de una herramienta muy útil no sólo para que las personas salgan de la pobreza sino también para que fomenten su autoestima, para que aprendan una cultura del trabajo”, indicó.
Por su parte, Gineste propone lo siguiente mediante el concepto de economía social: “Hasta ahora, hay un modelo económico conocido por medio del cual se están viendo en el mundo diferentes flagelos como la crisis, el hambre, la desocupación. Existen otras formas o iniciativas como empresas recuperadas, clubes de trueque, comercio justo… que son todas miradas de la economía que vuelven a poner al hombre en el centro de la escena. Por el contrario, hoy el modelo tradicional, ha venido poniendo al hombre al servicio de la economía”, finalizó la economista.
Antecedentes en Argentina a partir de los años noventa
“Si bien existen antecedentes de operaciones de microcrédito en la Argentina en los años 70’ y los años 80’, las microfinanzas, tal como se las entiende actualmente, reciben su primer impulso importante a partir de la década de los 90’, cuando surgen en nuestro país instituciones de microcrédito que implementan esquemas metodológicos tomados de organizaciones internacionales con amplia experiencia en América Latina”, puntualizó Roberto Crouzel, asesor legal de Radim.
Además, es en ese entonces que se crea el Foncap, un fondo destinado a dar asistencia crediticia, técnica y capacitación a las entidades que otorgaban microcréditos, conformado originalmente por el Estado nacional (49%), Acción Internacional (45,5%) y la Fundación Emprender (5,5%).
“La persistente recesión y el aumento del desempleo que afectó Argentina en la última parte de los años 90’, sumado a la significativa crisis económico–social que sufrió el país en los años 2001/2002, agravó el problema de la pobreza. Es entonces cuando surgen nuevas instituciones dedicadas al microcrédito y se toma conciencia de la importancia de coordinar esfuerzos y articular políticas y criterios en común, a fin de asegurar el fortalecimiento y la profesionalización del sector”, completó.
Para ello, las principales instituciones del sector conformaron, en el año 2004, la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito (Radim), que actualmente nuclea 80% del mercado y que se ha constituido en el referente y motor principal de la actividad.
Los principales desafíos de las IMF en Argentina
¿Cuál es la razón por la que “no prende la mecha” del microcrédito en la Argentina? Esta pregunta fue el disparador para que Roberto Crouzel, abogado y asesor legal de la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito (Radim), realizara una investigación sobre los principales desafíos que, actualmente, enfrentan las instituciones de microfinanzas (IMF) en Argentina.
“Creo que el sector de las microfinanzas ha crecido en los últimos años, pero si se lo compara con lo que ocurre en otros países de América Latina, se puede decir que en la Argentina aún no ha podido despegar. En Bolivia, Ecuador, Perú o Colombia se mueven miles de millones de dólares en microfinanzas, lo que implica que hay muchísimo dinero destinado al desarrollo de emprendimientos productivos”, explicó Crouzel a Comercio y Justicia .
En este marco, el especialista planteó -en un trabajo denominado “¿Por qué las microfinanzas no se desarrollan con más éxito en la Argentina?”- algunos desafíos a los que se enfrentan este tipo de instituciones.
La falta de fondeo
“Como resultado de las recurrentes crisis que el país afronta, el sistema financiero argentino no cuenta con financiamiento de largo plazo ni con un mercado de capitales que permita el fondeo de los bancos”, indicó el abogado. En este contexto tan adverso, “las microfinanzas y las instituciones microcrediticias compiten en condiciones desventajosas con las empresas, los individuos y el propio Estado, en la obtención del poco crédito existente en el país”.
En la actualidad, el sector se financia principalmente con fondos provistos por el Estado, entidades internacionales y algunos donantes.
Costo impositivo
En palabras de Crouzel, el alto costo impositivo en Argentina es una queja constante del sector y se da el caso de que existen exenciones impositivas sobre el impuesto al valor agregado, por ejemplo, cuando una persona de clase media adquiere material para refaccionar su vivienda, pero en cambio se paga una sobretasa cuando una persona de bajos recursos adquiere un microcrédito para desarrollar un oficio.
“Bajo el régimen impositivo argentino, a los intereses se les debe adicionar el impuesto al valor agregado en una tasa de 21%. En el caso del microcrédito, por tratarse de transacciones con ‘informales’, la tasa se incrementa en 10,5%, llevándola a 31,5%. Por su parte, la entidad prestamista debe abonar impuesto a las ganancias sobre los intereses abonados (35%). Todos esos costos se suman al costo total del crédito y repercuten directamente en el precio final que abona el microemprendedor”, puntualizó el especialista.
Obstáculos legales
Otra de las razones por las cuales no se ha desarrollado más profundamente este sector en Argentina es la inexistencia de un marco regulatorio amigable. “No existe en nuestro país una regulación que reconozca los rasgos distintivos del microempresario ni de las microfinanzas. En términos generales, son aplicables a las microfinanzas las mismas reglas que a cualquier otra actividad comercial”, aseguró el abogado.
Capacitación
“Hay quienes centran el problema de la falta de desarrollo del sector en la falta de visión de negocio, análisis de mercado, desarrollo del producto o de nivel gerencial y otros parámetros que denotan la falta de recursos humanos suficientes, debidamente capacitados y bien remunerados”, avanzó Crouzel.
Mercado de capitales
Conforme la experiencia internacional, el mercado de capitales es, junto con la canalización del ahorro de los clientes, uno de los motores principales de fondeo de esta actividad. “El principal problema que las IMF argentinas enfrentaron para acceder a este mercado fue la falta de volumen suficiente para justificar los costos fijos para realizar una colocación. Ninguna IMF alcanzó un volumen tal que por sí sola justificara una colocación en los mercados de capitales”, explicó el especialista.
Educar al soberano
Si se quiere fortalecer y hacer progresar el sector se debe procurar fomentar la oferta de crédito a quienes hoy están excluidos del sistema y no centrarse en cuál es la entidad que otorga el crédito y cúales son sus razones para hacerlo.
El microcrédito creció en América Latina, pero en Argentina sólo representa 5%
Los préstamos de las instituciones de microfinanzas en América Latina y el Caribe crecieron 13% en la región, no obstante el ritmo fue menor que el registrado en 2008, cuando se consignó un aumento de 18%. Los datos surgieron de un estudio del Fondo Multilateral de Inversiones, integrante del Grupo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), del que se desprende que la desaceleración económica estuvo causada por la crisis financiera mundial y los cambios empresariales. Los créditos totalizaron el año pasado 12.300 millones de dólares. En este momento hay más de 700 instituciones de microfinanzas que operan en América Latina y el Caribe, las que sumaron 1,1 millones de clientes nuevos en 2009, sirviendo en total a 10,5 millones de clientes.
Mercados desiguales
México tiene el mayor mercado para las microfinanzas, con 2,3 millones de clientes, seguido por Perú, con 1,9 millones, y Colombia, con 1,4 millones de clientes. En términos de cartera de crédito, Perú lidera el ranking con US$3.200 millones en microcréditos; le sigue Ecuador con una cartera de US$1.700 millones; y Colombia, con un total de US$1.400millones. Pese al crecimiento sostenido del sector, el nivel de penetración aún es desigual. Países como Nicaragua, Bolivia, El Salvador y Ecuador tienen una penetración mayor de 30%, mientras que otros, como Venezuela, Argentina, Uruguay y Brasil, sólo registran 5%.




